lunes, 3 de febrero de 2014

Las etapas del amor

Hace unos días leí que el proceso que va desde el enamoramiento hasta el amor verdadero tiene 5 etapas:

Etapa 1: cuando el amor es romántico. Cuando nos volvemos “locos” por el ser amado y deseamos estar a su lado permanentemente, estar siempre en contacto. Es la etapa de la negación de las diferencia: “nos amamos porque a los dos nos gustan las mismas cosas”, “somos iguales y tenemos los mismos principios”, “siempre estamos de acuerdo en todo”, etc.

Etapa 2: cuando aparece la ilusión del amor por siempre. En la etapa anterior estamos locos pero no tanto como para creer firmemente que la relación durará para siempre. Aquí soñamos con “cuando nos casemos…”, “cuando tengamos nuestros hijos…”, etc. Las ilusiones nos sostienen para poder tolerar las primeras desilusiones al descubrir que realmente no somos iguales, aunque todavía son pocas. “ojalá que no cambie más”, dicen ellos; “bueno, ha cambiado pero yo voy a hacer que él vuelva a ser como a mí me gusta”, dicen ellas.

Como diría la antropóloga Hellen Fisher, estas dos etapas son las del predominio de la dopamina, el neurotransmisor que tiene que ver con el placer intenso. Esta borrachera de dopamina es la que nos vuelve enamorados perdidamente y con la necesidad de pensar en el ser amado permanentemente. Por eso es que los especialistas hablan de que más que una locura, estas etapas se parecen más a una neurosis obsesiva.

Etapa 3: aparecen las diferencias. La dopamina baja. Los amantes muchas veces se sienten traicionados. Pensaban que el otro era el alma gemela y ahora se sienten traicionados o, al menos, desilusionados. El reconocimiento del “otro” como un ser absolutamente diferente es un duro golpe para nuestros narcisismos. Aquí es donde se acaban muchas parejas y terminan muchos matrimonios. Sólo quienes logran tolerar las diferencias sin condiciones podrán pasar a la siguiente etapa.

Etapa 4: Las parejas sobrevivientes han logrado aceptar que sus cónyuges son personas diferentes, con defectos pero también con virtudes. Entienden que lo que tienen vale más que lo que no tienen y son capaces de “negociar” entre ellos. Las peleas disminuyen y, como dice Pablo Milanés: “las viejas discusiones se van perdiendo entre las razones”. ¿Aburrido? No necesariamente. No se trata de resignación. Se trata de parejas que han logrado poner lo que han venido construyendo juntos por encima de las necesidades personales, aprendiendo a negociar, a ceder y también a reclamar sin temor.

Etapa 5: viene la sabiduría. El uno es feliz con la felicidad del otro. Cada uno es capaz de desprenderse de lo personal con tal de ayudar al otro a ser mejor persona. Aprendemos que tener la razón no sirve de nada, que hay más verdad en defender mutuamente el amor que en ganarla para uno mismo. Es allí donde se entiende lo de “quien quiera ganar su vida la perderá y el que la pierda, la ganará”. La desaparecida psicoanalista argentina, Mariam Alizade llamaría a esta etapa la del Narcisismo Terciario.

Nuevamente Hellen Fisher diría que estas etapas son sólo posibles si logramos dejar el placer de la dopamina y pasamos al predominio de otro neurotransmisor llamado la Oxcitocina, el que nos ayuda a construir relaciones de largo plazo.


Pensaba en la 5ta etapa y también pensaba en Isadora, la ciudad de la que nos habla Italo Calvino en su libro “Las ciudades invisibles”.  Isadora es la ciudad a la que toda persona desea llegar, la de los placeres máximos a los que aspiramos cuando jóvenes. El único problema es que Isadora es la ciudad a la que se llega cuando uno es viejo, cuando los deseos ya son sólo recuerdos. Sin embargo, en este caso, llegar a la 5ta etapa depende de cada uno de nosotros. Aunque aprendemos a través de los golpes, con la voluntad adecuada en la pareja, el camino no tiene por qué tardar toda una vida.

El amor, entonces, no es un sentimiento. Tiene que ver con una decisión pero tampoco es solamente una decisión. El amor es un camino, la experiencia de un recorrido. Todos experimentamos el amor a lo largo de nuestra vida. Cuando somos niños amamos como niños. Cuando somos adolescentes amamos como adolescentes, y lo mismo cuando pasamos a la juventud.

El problema sería quedarnos para siempre convencidos que el amor es como alguna de las etapas intermedias y que no es un camino que uno debe recorrer para llegar a la etapa final en un momento en el que todavía valga la pena.

Piensen en esto. 

lunes, 26 de marzo de 2012

SENSACIÓN DE CONEXIÓN



Amor, si te digo algo ¿me prometes que no te vas a molestar?”

“Te voy a decir algo pero no lo vayas a tomar a mal…”

“Amor, creo que tenemos que hablar de nuestra relación”…







¿Nunca les ha pasado que Uds. o sus parejas han empezado una conversación con alguna de estas frases? ¿Y qué sucedió después? No tienen que pensarlo mucho, con seguridad todo salió un desastre. Las tres variantes escogidas apuntan a un mismo reto: el reto de hablar sobre lo que cada uno siente respecto de la relación o del matrimonio. Es un reto en el que la mayoría de las parejas va perdida desde el inicio. Ellas piensan que ellos no quieren hablar y ellos piensan que es inútil hablar de esto. No importa la variante escogida en las que se solicite hablar sobre el “nosotros”, el intento casi siempre va destinado al fracaso.


Seguramente que si el lector es una mujer, en estos momentos estará pensando que estos diálogos fracasan antes de nacer porque a los varones no nos gusta hablar. Ellas quisieran que sus parejas acudieran gustosos (y locuaces) para hablar de los problemas de la relación o el matrimonio y de la forma cómo lo están llevando juntos pero sienten que a ellos no les gusta hablar. En cambio los lectores varones simplemente estarán absolutamente convencidos que hablar de tal cosa simplemente no lleva a nada ya que cada vez que lo han intentado, ella se dedicó a enrostrarle la lista de defectos que, según ella, él tenía.


“El es muy hábil para aconsejar a los demás, pero cuando le pregunto sobre nosotros, simplemente se queda callado”. “Si estamos en público él no para de hablar, aconsejar u opinar, pero cuando llegamos a la casa se pone a ver televisión o a trabajar en su computadora y no habla para nada”. No hay vuelta que dar: ellas sienten que a los hombres no les gusta hablar, pero… ¿será cierto?



Sensación de “conexión”

Para poder comunicarnos bien hay que estar adecuadamente “conectados”. Esto lo sabemos los usuarios del celular. No es posible la comunicación cuando no hay señal (vale decir, conexión). De igual manera, para poder tener una comunicación eficaz dentro de la pareja, primero hay que estar conectados. ¡No es al revés! Hablar no genera la conexión, hablar sólo se puede cuando hay –previamente- conexión.


Los investigadores P. Love y S. Stosny sostienen que “hablar de la relación” lleva siempre a las parejas a un sentimiento de “desconexión”, yo creo que esto es porque el hablar puede llevarnos a descubrir la falta de conexión. Fíjense bien, esto quiere decir que no es un problema de comunicación (que las mujeres confunden con el mero “hablar de…”) sino de una comunicación que lleve a ambos a sentirse que previamente han estado “conectados”. Lo que sucede es que las mujeres tienen la fantasía de que el diálogo les devolverá la sensación de conexión con su pareja, ya que el diálogo y la conversación son para ella una forma de conseguir soporte emocional y apoyo. Los hombres, en cambio seguimos otro camino: buscamos la conexión con nuestras parejas a través del reconocimiento. Sentir el reconocimiento de ellas es lo que nos hace sentirnos adecuadamente conectados a ellas. Tanto ellas como nosotros buscamos la conexión, aunque sin saber que lo hacemos por vías diferentes y cuando el consorte no responde como cada cual esperaría, terminamos ambos con una fuerte sensación de no estar conectados.


Por si lo anterior no fuera ya complicado, añado otro obstáculo: en mi experiencia con parejas me he dado cuenta que hombres y mujeres usamos el “hablar” cotidiano de manera diferente. Pongo dos ejemplos para que se observe mejor: Una mujer va camino a una reunión de amigas y se encuentra con una vieja compañera de universidad. Al llegar luego a su cita comenta al grupo: “A qué no saben con quién me encontré mientras venía aquí…”. Aquí mi primera observación es que el habla femenina es está íntimamente ligada al transmitir y compartir emociones. Si la misma situación le hubiera sucedido a un hombre, éste hubiera llegado a su reunión y (si hubiera el memento apropiado) hubiera hecho el comentario: “Al venir para aquí me encontré con…”.


El segundo ejemplo es el que llamo “diálogos de la aspirina”, aquí sus dos presentaciones:

(a) Ella: “me duele la cabeza”; Él: “¿Quieres que te traiga una aspirina?”;

(b) Él: “me duele la cabeza”; Ella: “¡Pucha! yo sé cómo es eso… ¡a veces tengo unos dolores de cabeza espantosos!”


Hagan la prueba, al observar el primer “diálogo de la aspirina” la mayoría de los hombres van a decir: “¿Y qué hay de malo?”. A esos hombres hay que explicarles que las mujeres son suficientemente inteligentes como para saber que pueden tomar una pastilla para el dolor de cabeza, por lo tanto lo que buscan no es una aspirina sino el sentir que su pareja es capaz de entender por lo que están pasando. La contrapartida es que también hay que explicar a las damas que su marido no está tratando de zafarse del compromiso sino que está tratando de darles lo mejor de sí. Porque, aquí mi segunda observación, los hombres usamos el habla cotidiana de manera distinta: por lo general la usamos para solucionar problemas. Así, cuando les proponemos a nuestra pareja emplear una pastilla, estamos haciendo lo que mejor sabemos hacer y seguro que, más en el caso de que a nuestro amor le duela la cabeza, lo haremos con el mayor cariño del mundo.


Cuando les presento a las parejas el segundo diálogo de la aspirina, casi siempre el hombre manifiesta que la respuesta de la esposa le molesta ya que ella “siempre tendrá que competir con él… si a él le duele la cabeza, ella dirá que a ella le suele doler más que a él…” ¡No se dan cuenta que su pareja está intentando tenderle un puente de identificación a nivel emocional, porque ése es el campo del habla femenina!.


Entonces, si realmente queremos comunicarnos eficazmente para poder “reconectarnos” con nuestras parejas necesitamos dos cosas importantes: (1) Saber qué es lo que más buscamos hombres y mujeres para sentirnos adecuadamente conectados a nuestras parejas (el soporte emocional las mujeres y el reconocimiento los hombres) ya que el hablar “per-sé” no va a ser lo que genere la reconexión, y (2) tener en cuenta que el habla de los hombres es totalmente diferente a la de las mujeres.


Sobre esto último –y sobre la forma de conversar- hay algunos tips adicionales:


La frustración del diálogo para las mujeres

La investigadora D. Tannen, de la Universidad de Georgetown, se dedicó muchos años a revisar videos y a hacer observaciones de hombres y mujeres de toda edad conversando entre sí, y pudo distinguir algunas características que diferencian a los hombres de las mujeres cuando conversan entre ellos y que hacen que ellas piensen que a ellos, en realidad, no les gusta conversar: (1) Las mujeres suelen conversar entre sí mirándose a los ojos, mientras los hombres tendemos a conversar mirando a cualquier parte. (2) Las mujeres pueden mantener un tema largo tiempo mientras los hombres, en grupo, tendemos a saltar de tema en tema. (3) Las mujeres hacen una serie de ruidos mientras escuchaban (los comprendidos en la llamada “escucha participativa”: “mmm…”, “ajá…”, “¡No me digas…!”, etc.) mientras los hombres solemos escuchar en silencio. (4) En cuanto a la intención o uso de la conversación, las mujeres intentan buscar acuerdos o apoyo, mientras los hombres usamos la conversación para buscar otros puntos de vista.


Esto quiere decir que si una mujer propone a un hombre conversar sobre un tema que considere importante, éste no podrá mantener el tema todo tiempo que a ella le gustaría y cambiará o saltará a otros temas adicionales; escuchará en silencio (sin señales de asentimiento) y mirando hacia cualquier sitio menos a los ojos de su mujer; por último, cometerá el pecado más grande: le dará su propio punto de vista y como ella usa el conversar para buscar apoyo y concordancia, interpretará la discrepancia como una desconexión total. Encima si el tema es la misma relación, el resultado será realmente fatal.


La frustración del reconocimiento para los hombres

Los hombres no suelen hablar de las relaciones porque hablar no les produce ningún tipo de sensación de conexión. Es más, aunque no tienen claro por qué, en muchas ocasiones lo evitan porque presienten que el tema es un pretexto de ellas para buscar otra cosa. Esto es porque para ellos hay cosas que les producen una sensación de cercanía mucho mayor que la conversación o el diálogo.


Ser reconocidos adecuadamente forma, para los hombres, el pilar fundamental mediante el cual se sienten unidos o conectados a su pareja y a su familia: “No les importa cómo me rompo el alma para ganar el dinero que nos permite tener lo que tenemos y encima ellos se quejan de que no les doy el suficiente tiempo”. No se trata de una postura narcisista sino de el deseo honesto de que su pareja los haga sentir menos vulnerables a la sensación de fracaso. Sentirse fracasado, para el macho organizado en jerarquías, genera inseguridad y una pareja que lo aleje de tal sensación es algo que él agradecerá eternamente. ¿Inseguridad de los hombres? No, o no sólo, al menos. Los estudios parecen demostrar que se trata de la forma cómo el hombre (al igual que la mujer con la conversación) aleja la sensación de fracaso en su propio rol.


Fíjense cómo la mayoría de las infidelidades de los hombres empiezan con el encuentro con mujeres que les hacen sentirse reconocidos en sus logros (por ejemplo, las secretarias, las mujeres más jóvenes, las alumnas, compañeras de trabajo que los admiren, etc.) y la mayoría de las infidelidades de las mujeres empiezan con el encuentro con hombres que les hagan sentirse adecuadamente escuchadas sobre sus emociones (hay hombres que ya conocen de este secreto y lo emplean para sus conquistas).


Quiero resaltar que no se trata de que al hombre le guste que le alimenten el ego, ni que a la mujer le guste que le digan sí a todo lo que piensa o siente. Lo que he querido mostrar hoy, en primer lugar, es que la sensación de conexión con sus parejas es fundamental tanto en hombres como en mujeres y que ambos la buscamos, aunque por caminos diferentes, y, en segundo lugar, que el habla cotidiana tiene formas distintas entre hombres y mujeres. Esto forma parte de la naturaleza de cada género en nuestra sociedad y conocerlo es importantísimo para una comunicación eficaz en el amor.

viernes, 9 de marzo de 2012

Tres amenazas actuales que juegan en contra del proyecto de Pareja

Imagínense una persona que tenga la cabeza de un bebe, las manos de un niño, las piernas de un adolescente, el corazón de un joven y lo demás de adulto. Impensable, ¿verdad? Sin embargo esta deformidad es perfectamente posible en la psiquis humana: podemos tener la inteligencia o la habilidad para los negocios de un adulto pero la tolerancia a la frustración de un niño, el control de impulsos de un adolescente y la forma de amar de un bebé. Tal deformidad se debe a que los diversos aspectos del psiquismo humano se van desarrollando –o estancando- en paralelo en base a la interacción con el ambiente familiar, cultural y social los cuales estimulan, o dejan de hacerlo, sus principales cualidades.

Es indiscutible que las personas nacemos dispuestos a “sentir amor”, primero por nuestra madre y después paulatinamente por otros miembros de nuestro entorno, hasta que un día, ya de adultos, amemos a alguien de “otro entorno”. Desde que nacemos amamos y en cada una de las etapas de nuestra vida amamos como corresponde a la etapa en la que nos encontramos. Así, cada momento tiene un tipo de amor que le corresponde, con características muy bien definidas: amor narcisista o amor de bebé, amor infantil, amor adolescente, amor juvenil, amor adulto. Lo que comúnmente llamamos “amor”, a secas, es nuestra expectativa del amor adulto, un amor que es capaz de vencer las limitaciones egocéntricas de los otros tipos de amor para acercarse de una mejor manera al “otro-pareja(o)” y poder construir un proyecto común, negociado, que implique renuncias personales en favor de acuerdos que ambas partes consideren más valiosas.

Pero en función de lo dicho anteriormente, existe la posibilidad de no haber podido llegar a desarrollar nuestra capacidad de amar como adultos quedándonos estancados en una etapa infantil o adolescente. La persona afectada por este problema sentirá amor como cualquiera pero no podrá amar como lo esperado a su edad. Es decir, cabe la posibilidad de no llegar a conocer el llamado amor adulto por más que la persona esté dispuesta a jurar que puede amar de una manera sincera.

No desarrollar esta capacidad trae como consecuencias la dificultad para construir un proyecto común negociado, la dificultad de poder renunciar a necesidades personales y la tendencia natural a imponer al otro un funcionamiento asumido a partir de necesidades, temores o angustias de uno mismo (lo que llamamos nuestros “fantasmas”), sin aceptarlo como una persona con su propia forma de funcionar en la vida. Estas dificultades, que en general afectan a cualquier tipo de convivencia humana, son especialmente complicadas para el desarrollo de un proyecto de pareja sano.

Mi propuesta consiste en que la sociedad actual muestra muchos síntomas que hacen pensar en tendencias más bien opuestas a la posibilidad de desarrollar la capacidad de amar como adultos, dándose la gran paradoja de personas cada vez más necesitadas de amor pero con menos capacidad de amar de verdad.

Lo narcisista (o lo egocéntrico) podría entenderse como aquella dificultad para tolerar la existencia de otras personas con formas de razonar, de funcionar, de amar y de ser, diferentes a uno. Esto es, la presencia de alguien distinto causa tanta angustia que uno se defiende no reconociéndolo con un funcionamiento autónomo por derecho propio. Es más llevadero inventarle cualidades similares y si no la alternativa es alejarlo de la manera más enérgica apropiándose uno solo del derecho a la verdad. Aquí no se trata de posturas ideológicas. Se trata de emociones que no pueden procesarse y que después buscan justificación a través de lo ideológico.

En el mundo de la pareja lo narcisista se evidencia sobre todo (pero no exclusivamente) al inicio de las relaciones. Un ejemplo de esto: “No entiendo cómo ella (o él) puede ser así, yo nunca haría eso”. Cuando uno dice esto, está asumiendo que su lógica es la correcta e implícitamente que todos los demás deberían seguir esa lógica. Si la pareja no actúa de la misma manera, entonces es la pareja la que está mal. ¿Se imaginan a dos personas actuando de esta manera, uno sobre el otro? Esto, nada menos, es parte del encuentro de dos narcisismos. Pero hay más.

Los enamorados buscan las coincidencias al máximo: “la amo porque a los dos nos gusta hacer las mismas cosas”, “ambos tenemos los mismos valores”, “ambos somos admiradores de tal o cual…”. Más aún, está muy difundido que las parejas busquen “el alma gemela”, “la media naranja”. Ni pensar que una naranja (completa) busque una sandía, por ejemplo.

Buscar inicialmente las coincidencias busca soslayar las diferencias de la alteridad, es decir, las diferencias generadas por el sólo hecho de ser dos personas distintas. Es más, al inicio uno está dispuesto, incluso, a ver coincidencias donde no las hay o a minimizar las posibles diferencias: “a él no le gusta la misma música que a mí me gusta pero yo voy a hacer que le guste”. Y claro, al inicio de la relación todos estamos dispuestos a pasar por alto algunas cosas y si hay que recogerla siempre de su casa y acompañarla luego hasta el fin del mundo a las 4 de la mañana, no importa. Si hay que acompañarlo todos los sábados en la mañana al partido de fútbol con sus amigos (que detesto), tampoco importa. Todo a favor de minimizar las diferencias.

Tenemos los mismos gustos, funcionamos de la misma manera, razonamos igual y tenemos los mismos valores. Por lo tanto, nos queremos mucho. Lo que está detrás es la fantasía de ser prácticamente uno, fantasía que trataremos de alargar lo más posible y de llevarla hasta el matrimonio. Es más, es muy posible que nos casemos con aquella persona con la que hayamos podido alargar esta fantasía (narcisista, egocéntrica) al máximo.

Pero, como siempre, la realidad se encarga de desbaratar toda fantasía. Y la realidad, en este caso, consiste en que todas las personas somos diferentes y las parejas no se salvan de esto. La alteridad se filtra como el agua entre las piedras. Tarde o temprano la fantasía egocéntrica de no reconocer al otro como una persona diferente se desbarata por efecto de la realidad. Este es el momento donde aparece el reto de responder de manera adulta tolerando las diferencias y aprendiendo a negociar un proyecto conjunto que permita que dos personas diferentes puedan construir un futuro conjunto.

Sin embargo, hoy vemos que aparecen cada vez mayores dificultades para poder superar esta etapa, a nuestro entender porque hay fuerzas que promueven una mayor narcisisación de los individuos en la sociedad.

Con cargo a desarrollar cada uno de ellos con mayor detenimiento en el futuro, voy a mencionar tres síntomas que hablan de este fenómeno:

1. Una mayor introversión de la libido, es decir cada vez nos vemos más estimulados a invertir más energía en nosotros mismos. Esto no tiene que ver necesariamente con querernos más a nosotros mismos de una manera sana, sino con tolerar menos la frustración de no poder satisfacer nuestras necesidades narcisistas; con la compulsión de invertir mucho más energía en acercarnos a modelos ideales externos (de valores, de vida, de apariencia, etc.) y no poder negociar con ellos. Lo que podría parecer una virtud, fuera de ciertos límites se convierte en un serio problema, llevándonos a una sobrevaloración del “sí-mismo” y de la imagen corporal. Siempre han existido estas tendencias, pero hoy existen muchas más fórmulas que nos estimulan las necesidades narcisistas y nos venden la fantasía (y algunas veces hasta experiencias transitorias) de que es posible satisfacerlas completamente, sin renuncias de ningún tipo. Antes se decía “si no estás en la televisión no existes” y ese espacio estaba reservado sólo para ciertos elegidos. Ahora aquellos que necesitan ser admirados narcisísticamente pueden recurrir a diversos medios como las páginas web, las redes sociales (si no estás en Facebook no eres nadie), los blogs, la webcam, etc. con igual o mayor eficacia.

2. Perversión de los espacios mentales. Todos nos manejamos en tres espacios (mentales): lo público, lo íntimo y lo privado. Los límites entre uno y otro espacio están bastante bien delimitados en una persona normal (lo que le permite asumir un tipo de comportamiento propio para cada uno) y la vergüenza funciona como un muro de contención para que no pase algo de un nivel más profundo a uno superior. Sin embargo, cualquiera que revise alguna de las llamadas redes sociales podrá comprobar cómo se están pervirtiendo estos límites y la exposición a lo público empieza a interesar a muchas más personas, volviéndose más atractivo y placentero que lo íntimo. Así, lo que debiera manejarse en un espacio más íntimo es expuesto, de manera natural y voluntaria, públicamente por los propios usuarios. A mi parecer esto está trayendo como consecuencia un menor esfuerzo para la construcción de los espacios más íntimos que siempre son más difíciles y en los que la gratificación personal se coloca en segundo plano a favor de la construcción de un vínculo con el otro.

3. Los ensambles narcisistas como sustituto de los vínculos. Dos personas que tienen un vínculo sólido pueden prescindir de lo accesorio, siendo lo principal aquello que tienen entre ellos. Lo que hacen juntos puede negociarse, los espacios que frecuentan pueden variar, las amistades son complementarias, etc. Cada vez más se observa parejas que se encuentra unidas más bien por lo accesorio que por lo esencial y donde el disfrute no es por el compartir juntos sino porque cada uno disfruta en paralelo sin existir muchos puentes entre ambos. A esta situación fabricada para permitir el disfrute paralelo, donde cada cual es parte del montaje es lo que llamo un “ensamble narcisista”. Es narcisista porque cada uno persigue la satisfacción de una necesidad personal no negociada y es un montaje porque es una construcción para que ambos puedan satisfacerse, no precisamente del compartir con el otro, sino de lo que pueden conseguir con el otro presente en términos de satisfacción fundamentalmente personal. Estos ensambles son cada vez más frecuentes y se les ve sustituyendo a las relaciones de pareja.

Cualquiera podría objetar que estos problemas han existido desde siempre en distintas formas en la sociedad, en la pareja y en el amor. No lo dudo. Sin embargo, hoy existen muchos medios al alcance de todos que refuerzan estas tendencias a la narcisisación y que, de hecho, afectan la calidad de los vínculos que se están generando entre las parejas.

En resumen, cada vez percibimos en la consulta psicoterapéutica, una tendencia mayor a la exaltación del si-mismo en sus distintas posturas, curiosamente no como un reforzamiento de la autoestima sino como defensa frente a un vacío interno; un mayor placer por hacer llevar a espacios públicos aspectos más bien íntimos, con el consiguiente empobrecimiento de los vínculos íntimos que eso conlleva; y una gran confusión entre lo que es un vínculo verdadero con lo que es un ensamble destinado al gozo individual.

Curiosamente se dan dos paradojas: las personas se quejan de necesitar más amor pero a la vez tienen menor capacidad de amar, y mientras más conectados estamos globalmente, los vínculos se hacen más superficiales.

viernes, 28 de agosto de 2009

Ayuda a las parejas

Durante todo el tiempo que he estado haciendo terapia a parejas he logrado definir algunos pasos que, tomados en cuenta, pueden ser de utilidad para la mejora de la relación.


Paso 1: lo que siento no siempre coincide con la realidad

“Siento que ya no me quieres”, “Siento que das más importancia al trabajo que a mí”… ¿Se han fijado cuántas veces usamos lo que sentimos en nuestras relaciones de pareja? Observemos este breve diálogo:

- Me siento sola

- Pero amor, cómo te sientes sola si yo siempre estoy a tu lado…

- ¡No es cierto!

Ella se siente sola; él piensa que no puede ser porque siempre está con ella; ella no le cree. Aquí se presentan dos factores importantes (1) ella asume que lo que “siente” es la realidad, y (2) él no acepta lo que ella siente.

El primer paso a la comprensión en las parejas (y en los vínculos en general) es un doble trabajo que consiste en que cada uno debe:

  1. Respetar lo que el otro siente, después de todo… ¿quiénes somos para decirle al otro que no tiene derecho de sentir lo que está sintiendo?
  2. Aquel que tiene el sentimiento debe tener en claro que aquello que siente no necesariamente coincide con la realidad, es decir, nunca se debe confundir lo que sentimos con lo que realmente esté sucediendo.

El respeto y el abrir la posibilidad a otras explicaciones también abrirá una puerta a un mejor diálogo.


Paso 2: el ser humano simboliza para entender

Todos los seres humanos miramos el mundo a través de una lente. Esa lente es nuestra mente que, debemos recordar, está compuesta de dos inteligencias: una racional que intenta tender a lo objetivo y otra es emocional, que muchas veces es no-consciente (o inconsciente) y que modula a la anterior sin que nos demos cuenta.

Los seres humanos experimentamos algo (vemos, olemos, tocamos, vivimos, etc.), luego lo traducimos a nuestros propios símbolos (manera de entender el mundo) y luego, recién allí, lo hacemos consciente. Esa expresión de nuestras experiencias en nuestros propios símbolos es lo que se conoce como el proceso de simbolización. Todo lo experimentado se adapta a sensaciones conocidas o formas de ordenarnos en nuestra mente y éstas dependerán de las cosas que hayamos sufrido en a lo largo de nuestra vida.

De allí que todos debemos darnos cuenta que tanto nosotros como nuestras parejas pasaremos por este proceso. Comprender este proceso es fundamental para podernos entender y poder entender a los demás.


Paso 3: Atención a nuestras propias heridas y fantasmas

Como todos pasamos lo que experimentamos por el filtro de nuestra propia experiencia (proceso de simbolización), es muy conveniente que cada uno sea consciente de las cosas que más le han marcado en la vida (nuestras heridas) y de aquellas cosas ante las que más reaccionamos sin ser totalmente conscientes de ellas (nuestros fantasmas).

Lo importante es que cada uno se debe hacer cargo de conocer sus propias heridas y fantasmas, y luego ver cómo convivir de la mejor manera con ellos. No se trata de responsabilizar a la pareja de ellos. ¿Cómo poder conocerlos? Muchas veces sólo es posible a través de una terapia.

No voy a entrar más en detalles sobre las heridas y los fantasmas. Quien desee entender mejor esta parte le recomiendo la lectura de otro artículo que escribí y que precisa más este tema. Lo pueden encontrar en la dirección

http://psicoanaliticamente.blogspot.com/2008_01_01_archive.html


Paso 4: Pensar en el narcisismo

Toda nuestra vida, desde que nacemos, deseamos apropiarnos de nuestros objetos amorosos. El recién nacido ansía el pecho materno, su calor, el sonido del corazón de la madre, su mirada, etc. Cuando niños, deseamos a la madre para nosotros solos y nos sentimos dejados de lado cuando descubrimos que existen relaciones de las que no participamos, como la que hay entre papá y mamá. Más adelante, aprendemos a buscar el amor en un objeto externo, fuera de nuestro entorno, aunque siempre buscaremos en él algunos rasgos de los objetos conocidos. Llamamos amor adulto al sentimiento que sólo puede darse una vez superada las etapas anteriores.

Sin embargo, puede sucedernos que al encontrarnos con una pareja no veamos en ella a un ser humano distinto, con sus propias maneras de razonar y sentir las cosas (y por lo tanto de reaccionar ante nuestros estímulos) sino que mantengamos la esperanza de estar frente a lo ya conocido y que continuamos deseando encontrar. Esta forma de amar o de vivir el deseo de un objeto amoroso es lo que llamamos amor narcisista.

El amor narcisista se vive y se siente como el amor verdadero pero se diferencia de él en que se basa en nuestras propias expectativas y no en la apertura del encuentro con una alteridad diferente. Muchas veces no amamos lo que la otra persona es sino lo que esperamos que sea para nosotros. Disfrutamos los momentos que pasamos juntos porque nos remiten a situaciones placenteras anteriores y no porque sea algo nuevo construido entre dos.

Conocer del narcisismo es darse cuenta de nuestras necesidades más primarias y ser capaz de amar a la otra persona a pesar que ella no responda de la manera como esperaríamos. ¡Cuántas relaciones se rompen porque no aceptamos no recibir aquello que deseamos repetir! Mientras estamos en la etapa inicial del enamoramiento estamos dispuestos a ser todo lo que nuestra pareja desea (y viceversa). Luego, cuando esta etapa narcisista pasa, nos encontramos con un “otro” que muchas veces no logramos ver en su integridad. Sólo nos fijamos en lo que ya no nos aporta o en las necesidades que ya no está posibilitada de satisfacernos.

Sobre el narcisismo y el amor narcisista pueden consultar el artículo que se encuentra en el link

http://psicoanaliticamente.blogspot.com/2007_11_01_archive.html


Paso 5: Nada de medias naranjas ni almas gemelas

“Busco mi media naranja”, “estoy a la espera de mi alma gemela”. La idea que nos venden del amor es la del amor narcisista. Buscar la media naranja o el alma gemela es buscar un cliché predeterminado que no acepta que todas las personas somos completamente diferentes unas de otras y que el arte de amar consiste en poder aceptar esas diferencias y que con todas ellas también se puede construir una ilusión compartida.

Algunas pareja, sin darse cuenta, se quedan atrapadas en un montaje (ensamble) que permita a ambos un placer individual, paralelo y no común. Este montaje genera la sensación del amor pero no es realmente amor ya que el gozo es individual (paralelo) y no es compartido. Como siempre, la vida se encargará de poner a prueba nuestros ensambles y es allí donde nos daremos cuenta que no estamos aceptando a otro diferente, sino a la ilusión de un objeto que nos proporciona la fantasía de completud que buscamos. Para poder amar de manera adulta no debemos sentirnos la mitad de nada ni buscar duplicados nuestros. Buscaremos puntos de encuentro en personas que de antemano sabemos diferentes a nosotros mismos. Estos puntos de encuentro son la base para poder manejar nuestras diferencias y construir una ilusión común, de a dos.


Piensen en estos 5 pasos. Estoy seguro que les ayudará a mejorar la calidad de sus relaciones.



jueves, 22 de enero de 2009

TALLER PARA MEJORAR LA VIDA EN PAREJA

Introducción

¿Cuáles son las cosas que ponen en peligro realmente a las relaciones de pareja? ¿Son las grandes catástrofes matrimoniales o las minúsculas miserias de cada día?
Estudios recientes indican que las pequeñas cosas cotidianas ponen mucho más en riesgo la existencia de la vida en pareja que los grandes problemas. Cuántas veces hemos escuchado cosas como: mi pareja nunca habla, deja toda la ropa tirada, siempre me interrumpe cuando estoy viendo mi fútbol, no ayuda para nada con la limpieza de la casa, no se preocupa por ahorrar, prometió que siempre me iba a cuidar, etc., etc., ... Son estas vivencias del diario las que van minando el interés y pueden acabar por destruirla.

Adicionalmente, casi todas las parejas aceptan que las discusiones se inician por verdaderas tonterías. Y, aunque por fuera son una serie de nimiedades diferentes cada día, por dentro casi siempre vamos encontrando los mismos fantasmas rondando en cada una de ellas, repitiéndose y repitiéndose más allá de nuestra propia comprensión y consciencia.

Escuchen: los problemas de pareja nunca son cosa de uno solo, son siempre problemas de dos o más de dos, si incluimos a los fantasmas de cada uno. Muchos vienen a terapia buscando que “arreglen” al cónyuge, como si el problema pudiera ser de uno solo (siempre el otro), pero en realidad el paciente no es sólo uno de los dos miembros sino la pareja como entidad completa.

Realmente nadie nos ha enseñado cómo funcionar en pareja: a aceptar la presencia íntima de un "otro", a entender las diferencias de las lógicas entre hombres y mujeres (y entre las personas en general) y a poder detectar cuáles son nuestros propios fantasmas que boicotean nuestro proyecto de vida en común.
Pensando en todo esto, he diseñado un taller para aquellos que creen en la pareja como proyecto de vida, estén viviendo en pareja o no, donde podremos aprender y discutir aspectos esenciales de esta interesante temática.



Metodología
Cada sesión es participativa, con una introducción teórica y muchos ejemplos y casos para analizar. También se analizan los casos y/o ejemplos que cada uno traiga desde la óptica del tema que se está tratando.

Propongo 8 sesiones sabatinas de dos horas y media (el cafecito va por mi cuenta) divididas en dos partes de 4 sábados cada una. Entre ambas hay un sábado de descanso. Anterior­mente hemos hecho talleres similares y hemos visto que de 5:00pm a 8:00pm es una hora que no suele complicar a nadie.


TEMARIO


Primera Parte
1er. Sábado
¿Por qué los hombres no hablan y las mujeres no pueden doblar un mapa? Las diferencias básicas entre hombres y mujeres.
No hay duda hoy en día que mujeres y hombres somos diferentes mucho más allá de lo anatómico: sentimos diferentes, razonamos diferentes, buscamos cosas distintas de la vida, etc. Es importante aceptar estas diferencia y no intentar imponer fórmulas que van contra la naturaleza de cada uno.
  • Algo más que diferencias de género.
  • El enfoque neurológico.
  • Psicopatología de la mujer.
  • Psicopatología del hombre.
  • Bienvenidas las diferencias y nada de almas gemelas.
2do. Sábado
Los estilos de comunicación entre hombres y mujeres en el hogar, el trabajo y con la familia. Aprendiendo a comunicarnos entre géneros. (Deborah Tannen)
Una de las diferencias de género más notables son los modos en los que nos comunicamos. La Dra. Tannen ha estudiado mucho sobre el tema y pone sobre el tapete varias "asimetrías" en los modos de comunicarnos hombres y mujeres. Lo que cada uno busca cuando usa el lenguaje.
  • Estatus vs. vínculo
  • Independencia vs. intimidad
  • Solución vs. entendimiento
  • Información vs. sentimientos
  • Ordenes vs. propuestas
  • Conflicto vs. compromiso
3er. Sábado
El amor y el enamoramiento
Hoy conocemos muchomás del fenómeno que llamamos "amor". Las neurociencias, la antropología y el psicoanálisis tienen visiones complementarias. Desde que nacemos amamos, pero en cada etapa amamos de manera diferente, aunque muchos pueden quedarse atrapados en alguna de estas formas no-adultas de amar. ¿Qué es lo que podemos hacer?
  • La biología del amor.
  • Los tres tipos de amor según la Dra. Helen Fisher
  • Características del amor Romántico.
  • El amor según el psicoanálisis (objetos, amor narcisista, amor de transferencia, amor adulto).
  • Las necesidades y los ensambles narcisistas.
  • La ruta hacia el amor adulto.
4to. Sábado
La sensación de conexión en la pareja
Tradicionalmente se pensaba que la comunicación es lo que une a la pareja. Hoy se sabe que lo que nos produce tranquilidad es la sensación de estar "conectados" con el ser amado. Pero a lo mejor aquello que produce sensación de conexión a los hombres no es lo mismo que lo que lo produce en las mujeres.
  • ¿Qué mantiene unida a una pareja?
  • ¿Qué produce sensación de conexión a las mujeres?
  • ¿Qué es lo que produce sensación de conexión a los hombres?
  • Cómo usar esto para mejorar la vida en pareja.
Luego de estas 4 semanas habrá un sábado de descanso para retomar con la segunda parte que tendría los siguientes temas:



Segunda Parte

1er. Sábado
Heridas y fantasmas
Decimos que cuando estamos con una pareja heredamos todas sus heridas y todos sus fantasmas. Los temores que éstos producen están siempre presentes en la relación. ¿Podemos evitarlos? ¿podemos entenderlos para hacer de nuestra vida más llevadera?
  • ¿Qué es un fantasma?
  • ¿Qué es una herida?
  • ¿Cómo influyen en nuestra vida en pareja?
  • ¿Cómo evitar sus influencias negativas?
2do. Sábado
Sobre los espacios mentales
¿Sabían que todos nosotros funcionamos distinto si estamos ante desconocidos, amigos o estamos solos? Es más, los hombres nos sentimos mejor exibiéndonos ante el público y las mujeres mejor en un ambiente más íntimo (entre amigos). ¿Qué es lo caracteriza a cada espacio? Ambos, hombres o mujeres intentaremos formar espacios en los que nos sintamos más cómodos. ¿Coincidiremos?
  • ¿Qué es lo público, lo íntimo y lo privado?
  • ¿Cómo funcionan en general las personas en cada uno de estos espacios mentales?
  • Dinámica de los espacios mentales en los hombres.
  • Dinámica de los espacios mentales en las mujeres.Su influencia en la vida de pareja y consejos prácticos.

3er. Sábado
La sexualidad en la pareja
Todos disfrutamos del sexo en pareja, pero... ¿tenemos las mismas fantasías? ¿Hasta dónde deben sentirse avergozados los hombres, las mujeres o las parejas por sus fantasías? ¿Buscamos lo mismo? ¿Hasta dónde una fantasía es lícita y a partir de dónde es perversión?

  • ¿Sexualidad o sexo?
  • Diferencias entre hombres y mujeres.
  • Lugar del sexo en la vida en pareja.
  • ¿A qué le temen más los hombres y las mujeres en el sexo?
  • Variantes sexuales… ¿perverso yo?

4to. Sábado
Discutir, pelear, negociar
Al final... ¿qué es lo que hemos aprendido? hay que poner todo junto y aprender a negociar con la pareja teniendo ambos en cuenta todo lo mencionado en el taller. ¿Es posible? ¿Cuál es nuestra experiencia?

  • El temor al abandono.
  • Tiempos y distancias
  • ¿Sirve de algo tener la razón?
  • ¿Es malo discutir? Saber discutir.
  • Poniendo todo lo aprendido junto: el proceso de negociación en la pareja.

Si les interesan los temas y arman grupos podremos ponernos de acuerdo en el lugar y la hora. Caso contratrio podremos esperar a que se forme algún grupo de los sábados.

Por favor, si alguno está interesado escríbame al e-mail alberto.cruzalegui@gmail.com lo más rápido posible para poder aclarar cualquier duda.